En la cultura vasca hay símbolos que no
necesitan explicación. Uno de ellos es el Eguzkilore, la llamada flor del sol. Durante generaciones, esta flor se ha colocado en las puertas de los caseríos como símbolo de protección, una presencia silenciosa que cuidaba el hogar cuando caía la noche.
La tradición cuenta que el Eguzkilore protegía la casa de los malos espíritu
s y de aquello que acecha en la oscuridad. Al colgarlo en la entrada, el sol seguía presente incluso después del anochecer. No era un adorno: era una forma de decir “aquí estamos a salvo”.
Más allá del mito, el
Eguzkilore ha formado parte de la vida cotidiana de muchas familias vascas. Se ha heredado, regalado y respetado como un objeto cargado de significado. Un símbolo sencillo, pero profundamente arraigado.

En Hieros trabajo con la idea de que los objetos no solo se usan: se viven. El Eguzkilore es un símbolo que tradicionalmente se quedaba en la puerta, pero que hoy puede acompañarnos de otra manera.
Convertirlo en un broche de cuero es una forma de trasladar ese significado al presente, de hacer que el símbolo no se quede quieto, sino que viaje contigo. No se trata de reinterpretar sin más, sino de respetar la esencia y expresarla con un lenguaje artesanal actual.
Aquí es donde el cuero cobra todo el sentido.
El cuero es un material honesto. Resistente, flexible, vivo. Cambia con el uso, se marca, se oscurece, gana carácter. Igual que los símbolos antiguos, no se estropea con el tiempo: se transforma.
Durante siglos, el cuero ha estado ligado a la vida rural y a los oficios tradicionales. Herramientas, correas, fundas, objetos hechos para durar. Trabajarlo hoy de forma artesanal es mantener ese espíritu: crear piezas útiles, sólidas y con intención.
Por eso, el Eguzkilore en cuero no es un simple objeto decorativo. Es un encuentro entre dos tradiciones:
la simbólica y la material.
Cada Eguzkilore se realiza a mano, uno a uno, en el taller. No hay producción en serie ni procesos rápidos. El resultado final es consecuencia directa del tiempo y del trabajo dedicado a cada pieza.
El proceso comienza con el tintado del cuero. El color no se aplica como una capa superficial, sino que se trabaja para que penetre y respire con el material. Busco tonos que tengan profundidad, matices y vida, capaces de cambiar ligeramente con la luz y con el paso del tiempo.
En esta fase ya se empieza a definir el carácter de cada Eguzkilore. No hay dos iguales, porque el cuero tampoco lo es.
Una vez tintada la piel, llega el corte. Aquí se define la forma de la flor: el centro, los pétalos y las distintas capas que le darán presencia.
El Eguzkilore no es perfectamente simétrico, y esa imperfección controlada es parte de su identidad. El corte debe ser preciso, pero también permitir que la pieza conserve un punto orgánico, alejado de lo industrial.
Un buen corte es fundamental para que el broche envejezca bien y mantenga su fuerza visual con los años.
El siguiente paso es el moldeado del cuero. Mediante técnicas de trabajo en húmedo, el cuero se vuelve maleable y permite darle forma, levantar los pétalos y crear volumen.
Este momento es clave: la flor deja de ser plana y empieza a “abrirse”, a comportarse como un objeto tridimensional. Cada pétalo se trabaja a mano, buscando profundidad y movimiento.
Es aquí donde el Eguzkilore empieza a cobrar vida.
Una vez moldeada, la pieza necesita estabilidad. Para ello utilizo técnicas tradicionales de endurecido del cuero, basadas en el control de humedad y temperatura, que permiten que el cuero conserve la forma adquirida y gane rigidez sin perder su esencia.
El objetivo es claro:
que el broche sea resistente,
que mantenga su volumen,
y que pueda usarse sin miedo al paso del tiempo.
Tras el endurecido, se revisan bordes, uniones y acabados para asegurar que la pieza esté lista para acompañar a quien la lleve.
Un Eguzkilore de cuero no es un souvenir ni un objeto producido en serie. Es una pieza cargada de significado, hecha con técnicas artesanas y pensada para durar.
Quien elige un Eguzkilore suele hacerlo por algo más que estética:
En Hieros realizo Eguzkilores de cuero artesanales, uno a uno. Cada pieza es única. También acepto encargos personalizados, ajustando tamaño, acabado o detalles según lo que tengas en mente.
Si buscas un objeto con historia, trabajado con oficio y pensado para acompañarte muchos años, el Eguzkilore en cuero es una forma honesta de llevar la tradición contigo
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